Rousseaux

Combustibles Net-Zero: la solución estratégica en la nueva economía del carbono

Del «Nice-to-Have» al «Must-Have»

Por Valentin Dams. Comercial y Nuevos Negocios ROUSSEAUX.

Durante años, la sostenibilidad en la industria marítima fue considerada un “nice to have”, un atributo deseable pero no siempre esencial para la viabilidad comercial. Hoy, ese paradigma ha cambiado de forma irreversible. La descarbonización ha dejado de ser una opción para convertirse en un imperativo financiero y estratégico. Este cambio no es una tendencia pasajera, sino una nueva realidad económica impulsada por regulaciones concretas que están redefiniendo el costo de operar en el mercado global.

Dos mecanismos clave están acelerando esta transformación: el Sistema de Comercio de Emisiones de la Unión Europea (EU ETS) y el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM). Desde el 1.º de enero de 2024, el sector marítimo fue incluido formalmente en el EU ETS, un sistema de “tope y comercio” donde las emisiones de carbono tienen un precio variable, determinado por la oferta y la demanda del mercado. No se trata de un impuesto fijo, sino de un costo fluctuante que las navieras deben gestionar activamente.

Paralelamente, el CBAM, que entró en su fase de transición en octubre de 2023, se prepara para su implementación definitiva en 2026. Este mecanismo aplicará un costo a las importaciones de productos intensivos en carbono, un precio que estará directamente vinculado al del EU ETS. Juntos, estos instrumentos crean un principio ineludible: el que contamina, paga. Y este pago se ha convertido en una variable crítica en la hoja de balance de cualquier operación.

En este nuevo escenario, la matemática financiera detrás de la elección del combustible se ha vuelto mucho más compleja. La decisión ya no se limita a comparar el precio por tonelada. Ahora, la ecuación debe incluir el costo futuro de las emisiones. Aquí es donde el concepto del “combustible net zero” o de bajas emisiones pasa de ser un ideal a una necesidad tangible.

Para una naviera, podría ser económicamente más racional pagar un precio ligeramente superior por un combustible de bajas emisiones certificado que comprar un combustible convencional más barato y luego tener que adquirir derechos de emisión en el volátil y costoso mercado europeo. Comprar un “combustible verde” deja de ser un gasto y se convierte en una inversión en gestión de riesgos: una póliza de seguro contra la volatilidad futura de los precios del carbono y una llave de acceso a los mercados más exigentes del mundo.

Este cambio de mentalidad ya está generando un efecto dominó en todo el ecosistema marítimo. El mercado de fletadores, que debe reportar las emisiones de su propia cadena de suministro, priorizará cada vez más a los buques con una calificación del Indicador de Intensidad de Carbono (CII) de A o B, evitando sistemáticamente a aquellos con calificaciones D o E, que representan un riesgo para sus propios objetivos de sostenibilidad. De la misma manera, los puertos, incentivados por la propia OMI, comenzarán a ofrecer beneficios a los buques más eficientes, penalizando indirectamente a los menos performantes.

Esta tendencia es aún más evidente en el sector financiero. Actualmente, bancos y organismos de crédito ya consideran a los buques con calificaciones CII de E o D como activos riesgosos. La dificultad para obtener financiamiento para estos buques es una clara señal de que el mercado ya no tolera la ineficiencia ambiental. Una mala calificación no solo es una mancha regulatoria, sino un pasivo financiero que deprecia el valor del activo más importante de un armador.

En ROUSSEAUX entendemos que esta transición, aunque necesaria, genera incertidumbre. Somos un aliado estratégico para las navieras, ayudándolas no solo a cumplir con los complejos requisitos de la OMI y la UE, sino también a alcanzar sus propios objetivos de descarbonización de una manera rentable y sostenible.

Sabemos que el mayor temor de un armador es invertir en una nueva tecnología o en un nuevo combustible y que esa inversión no se transforme en el cumplimiento o los ahorros prometidos. Por eso, actuamos como un mecanismo para mitigar ese riesgo. A través de nuestras soluciones integrales de monitoreo, gestión de datos y optimización operativa, nos aseguramos de que la inversión realizada se traduzca en un resultado predecible y verificable. Conectamos la promesa de un combustible más limpio con la realidad de una operación más eficiente, garantizando que cada paso hacia la descarbonización sea también un paso hacia una mayor competitividad y rentabilidad.

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